MIGUEL MORENO

EMPUJA LA NOCHE SI SE ALEJA

Hubieran llegado tus besos desde un álbum de radiofonías

para transcribir la nueva novela batalla de largo itinerario,

entrecruzando mi letargo de reinonas ideas de barrio

y los antiguos susurros de baladas viajeras bajo un cielo sin memoria.

Detrás de la pantalla discurren los silencios, voces que adormilan trotamundos.

Ella está ahí. Esperándote en el menú de una cartografía gastada por los días.

Deambulamos entre la melaza de los postres coloniales y la vainilla de la tarde.

Tuviéramos el varadero de la broma infinita, como animales de hábitos selectivos.

Y embocados nos reconocemos en el salón del cancionero de orquídeas marchitas.

Una estación de paso, que refleja en arco cuadrifonte nuestra tierra de halo inacabado.

Me quedo a la zaga de tu penumbra, simulado en figura histórica de cabeza de vaca.

Como en aquel temprano escorzo de tu boca, cuando me susurraba antigua brisa nocturna.

Tomo asiento en esta biblioteca oscurecida de estantes alambicados por las horas y mareas.

Entre aquellos atribulados huéspedes que construyeron en piedra la fiesta de la palabra.

Con el acuerdo de generosos impostores y tejiendo el manto frágil de incompleta biología.

Y suena la tormenta declarada entre gacetilleros sin marbete y aduaneros alquilados.

Navego hacia la geometría inhabitada de tu cuerpo en grises hilados de luz vertiginosa.

Hilvanando en seda trenza la melodía cóncava de los lenguajes afortunados en estío.

Y celebro de forastero aquellos largos amaneceres que vistieron mis actores visitando mundo nuevo.

Bajo las cuevas funerarias y en el ánima de la escena de tus lienzos, me jaleo, huyo, sueño.

Miguel Moreno Jerez